“Súper Niño” eleva el riesgo de nuevos temporales y lluvias intensas en Chile

COMPARTIR:

El fenómeno de El Niño avanza hacia uno de sus niveles de intensidad más importantes de las últimas décadas, con un peak previsto para noviembre, escenario que mantiene la atención de especialistas por sus posibles efectos sobre las condiciones meteorológicas en Chile.

Nathaniel Johnson, meteorólogo de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, señaló que los modelos de pronóstico comenzaron a anticipar desde marzo un evento de gran intensidad y que, con el paso de los meses, las señales se hicieron cada vez más consistentes.

El especialista sostuvo que el fenómeno podría ubicarse entre los más fuertes registrados durante el último siglo. Una apreciación similar planteó Tim Stockdale, científico principal del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, quien afirmó que en sus tres décadas de experiencia nunca había observado una señal tan intensa y consistente entre los distintos modelos de predicción.

En Chile, los efectos de El Niño ya se hicieron sentir durante el intenso sistema frontal registrado en julio, que estuvo acompañado por un río atmosférico de categoría 5 y provocó precipitaciones de gran intensidad entre las regiones de Atacama y Los Lagos, además de miles de personas damnificadas y más de una decena de fallecidos.

De acuerdo con especialistas, sin embargo, la presencia de El Niño por sí sola no significa que necesariamente se produzcan nuevos temporales de gran magnitud. El fenómeno modifica las condiciones atmosféricas y favorece determinados escenarios, pero para generar precipitaciones extremas deben coincidir otros factores meteorológicos.

La investigadora del Centro Agrimed de la Universidad de Chile, Paula Santibáñez, explicó que para producir lluvias abundantes deben conjugarse distintos elementos. En este contexto, El Niño favorece la llegada de sistemas frontales y ríos atmosféricos, pero estos requieren de otras condiciones para alcanzar una intensidad excepcional.

Para agosto y el resto del invierno, la especialista anticipó la continuidad de sistemas frontales, aunque advirtió que todavía no es posible asegurar que vuelva a registrarse un evento de características similares al ocurrido durante julio.

El climatólogo de la Universidad de Santiago, Raúl Cordero, recordó además que otros episodios recientes de El Niño también estuvieron asociados a importantes impactos en Chile, como las inundaciones registradas en la zona centro-sur durante 2023 y una tormenta de viento ocurrida en 2024 que dejó a cerca de un millón de personas sin suministro eléctrico en Santiago.

El investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, René Garreaud, indicó que el índice El Niño 3.4 se encuentra cerca de 1,8 grados Celsius por sobre el promedio, mientras algunos pronósticos apuntan a que podría superar los 2,5 o incluso los 3 grados.

Cuando la anomalía supera los 2 grados, el fenómeno suele ser denominado “Súper Niño”. De concretarse este escenario, sería apenas el cuarto episodio de esta magnitud registrado durante los últimos 50 años, después de los eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.

Los especialistas advierten, no obstante, que la intensidad del fenómeno no permite determinar por sí sola el impacto que tendrá en Chile. Garreaud explicó que existe la posibilidad de que se produzca nuevamente un episodio de lluvias intensas como el de julio, pero también podría darse un escenario de precipitaciones más persistentes y distribuidas en el tiempo.

El comportamiento esperado también será diferente según la zona del país. Para el sur se anticipa un verano más seco, mientras que en sectores costeros del norte, como Antofagasta e Iquique, podrían registrarse condiciones más cálidas y húmedas de lo normal.

En Santiago, en cambio, los especialistas no proyectan necesariamente un aumento significativo de las temperaturas asociado a El Niño. Sus efectos estarán determinados por la interacción entre el fenómeno oceánico y las condiciones atmosféricas presentes en cada zona.

Otro elemento que genera preocupación entre los científicos es la rapidez con que se produjo la transición desde La Niña registrada el año pasado hacia el actual episodio de El Niño. Johnson sostuvo que se trata de la transición más rápida observada desde, al menos, 1950, lo que constituye una característica poco habitual.

A este escenario se suma el cambio climático. De acuerdo con Stockdale, al separar el calentamiento global de fondo de la señal propia de El Niño, el actual episodio podría ser comparable con los eventos más intensos registrados anteriormente. Sin embargo, la combinación entre ambos fenómenos genera una situación excepcional y agrega incertidumbre respecto de sus posibles consecuencias.

Desde el NOAA advierten que El Niño aumenta el riesgo de determinados eventos climáticos en Chile, entre ellos lluvias intensas, temperaturas más elevadas y un mayor riesgo de incendios. Los especialistas recalcan que esto no significa que necesariamente ocurran todos estos fenómenos, pero sí que las probabilidades se inclinan hacia la ocurrencia de episodios extremos.

Ante este escenario, los expertos llaman a mantener la preparación y el monitoreo durante los próximos meses, especialmente considerando que el peak de El Niño todavía no se alcanza y que su comportamiento podría seguir evolucionando hasta noviembre.